#6 Fran Nava / Lucas Goicoechea / Ornella Contreras / Oscar Giunta / Joaquín Díaz

Viernes 17 de abril de 2026 

Novedades, recomendaciones, ideas fugaces de los días que pasaron. Algunos enlaces; alguna sorpresa, espero. Pueden leer las líneas que siguen u optar por ir directo a hacer clic en las líneas azules. Tiempo de lectura: una semana. 

ALGO NUEVO

Hoy se lanzó el cuarto álbum solista de Fran Nava, un contrabajista y compositor argentino que en esta ocasión decidió entregar un disco donde versiona a grandes figuras del jazz americano. El dato no es menor, ya que en sus tres registros anteriores había grabado siempre música propia y cada uno tenía, además, una fuerte impronta conceptual. En este caso no es sorprendente que tres de los seis tracks sean temas de bajistas: Mingus, Pastorius y Pettiford. Pero no es un “disco de contrabajista” (creo que ya, hace tiempo, todos sus colegas intentan escaparle a ese tópico), sino que está pensado desde el cuarteto que armó.

¡Y qué cuarteto armó, Fran Nava! Me declaro culpable de haber usado innumerables veces otro tópico, gastadísimo, ya: el de Dream Team. Figura usada originalmente para referirse al equipo masculino de básquetbol de Estados Unidos en los Juegos Olímpicos de Barcelona ’92, aquel que reunía a Michael Jordan, Magic Johnson, Karl Malone, Larry Bird, Scottie Pipen y Charles Barkley, entre otros (¡!), pero luego empleada hasta el hartazgo por muchos periodistas musicales cada vez que un rejunte de intérpretes notables se reunía para integrar un grupo, generalmente de escasa permanencia.

Y me arrepiento de haberlo usado tantas veces porque esta vez sí que lo hubiera hecho: Nava convocó a Lucas Goicoechea en saxo alto, la joven marplatense Ornella Contreras en piano y el insuperable Oscar Giunta en batería, y son una mezcla explosiva. Fran escribió los arreglos y le dio un marco al sonido, pero resulta evidente que este disco debe mucho a la química del cuarteto que él soñó. De hecho, se puede rastrear en YouTube al cuarteto tocando One by one, de Wayne Shorter, tema que no entró en este disco, y se nota que la energía y la conexión son altísimas en todo momento. Parece que hubieran tocado toda la vida juntos, pero comenzaron a hacerlo hace menos de un año, y grabaron este álbum en diciembre de 2025.

El saxo de Lucas Goicoechea comienza solo en Birdlike, homenaje a Charlie Parker de Freddie Hubbard, que le da un poco el tono al resto del disco, que navega bastante entre el bebop y el hard bop, mirados desde la distancia que dan las décadas, claro. Luego sigue, tomando la estela del tema anterior, GG Train de Charles Mingus, figura central en el recorrido de Fran, que formó parte de la recordada agrupación Mingunos, que dejó dos discos dedicados al singular contrabajista y compositor. Cierra el hipotético Lado A del disco el tema que le da nombre, Three Views Of A Secret, ese bellísimo vals de Jaco Pastorius que tranquilamente podría haber firmado Bill Evans, porque está inmerso en la tradición del jazz post-bop. Prestar atención a lo que toca Giunta en la sección central del tema: son unos pocos compases en los que da una cátedra de batería. Bah, yo le presto atención todo el tiempo a lo que hace Oscar porque es una cosa de locos, me declaro fan suyo.

El Lado B, si habláramos de un disco de vinilo, comenzaría con Inner Urge, de Joe Henderson, que arranca con un dúo de saxo y contrabajo para velozmente dar paso al cuarteto, con el piano de Ornella Contreras doblando por momentos la melodía que lleva Lucas Goicoechea. Luego es el turno de un solo de la pianista que está entre los mejores del álbum. Le sigue Tricotism, de Oscar Pettiford, y esta vez la introducción está a cargo de un dúo de contrabajo y batería para luego dar pie al resto del grupo con un tratamiento, nuevamente, bastante bopero que le queda muy bien al tema. El final es para Capricorn, de Wayne Shorter, que resume en sus calientes casi ocho minutos las virtudes de todo el registro.

No se puede decir que sea un disco de standards, por más que se trate de versiones de temas conocidos, porque no hay acá ningún clásico del Real Book sino que se trata de una selección muy personal, que se nota meditada y en la que cada tema tiene su arreglo, en el que se ve la mano del compositor que es Nava. Sí se puede afirmar que es un disco de carácter clásico, hecho desde la materialidad del cuarteto tocando: trazando una discutible analogía con el deporte, podemos decir que Fran Nava eligió cómo tocar en función de los jugadores que tenía, verdaderos cracks que no desentonarían en la Champions League.

A mí un disco así me llena de júbilo y me parece una sólida muestra de la calidad del jazz argentino actual. Es para escucharlo muchas veces, y recomiendo al menos una escucha con auriculares en una buena plataforma, de esas en las que la calidad del sonido es superior a la de un CD (no voy a publicitar a ninguna, pero ¡a informarse!).

Diego Lenger

 

ALGO VIEJO

Joaquín Díaz

Y sí, Joaquín Díaz González es algo viejo… Más allá del chiste fácil (nació en 1947), debo reconocer que llegué a él casualmente, buscando alguna versión de un romance del Cid, no me pregunten por qué, y pronto me sumergí en su profusa discografía. Para quien no lo conozca, se trata de un músico español que dedicó su vida a la investigación del folklore de su tierra, pensada en un sentido amplio, porque abarca no solo el idioma castellano sino otras tradiciones como la sefardí, la catalana y otras tantas. Un etnógrafo, digamos, que recopiló también dichos, tradiciones orales, publicó libros y discos, y que tiene una fundación a su nombre, nada menos.

Y así me encuentro, hace unos días, escuchando a Díaz. Varias cosas me agradan de sus interpretaciones, pero la primera es su profunda voz de bajo, con momentos baritonales, y la segunda es el buen gusto de su guitarra. Nada está fuera de lugar, pero el tono nunca es doctoral (léase aburrido), sino que cada canción, cada romance, funciona como una pieza pop, perfectamente. Lo digo en el buen sentido.

Recorriendo sus discos descubro que en 1968 era un joven que, supongo, se subió a la ola del folk que recorría el mundo, ya que en un reciente disco llamado Mi primer concierto, (Madrid, Abril de 1968), hay mucha música tradicional norteamericana; sin embargo, el recital en un momento nos lleva a El Noi de la Mare, tradicional navideña catalana, y luego se queda ya en la Península hasta el final (o al menos hasta el final del disco).

Me pasan cosas bellísimas escuchándolo, como el encontrarme con canciones que yo conocía en el papel o que inclusive había dirigido o arreglado para coro, sin saber que él las había grabado ¡hace 55 años! Música que yo no sabía que estaba grabada y que, curiosamente, o no tanto, por suerte, se parecía mucho a la idea que yo me había hecho de ella.

Todas sus grabaciones me parecen de calidad pareja, altísima siempre. Pero para comenzar recomendaría De la picaresca tradicional, de 1970, Romanzas y cantigas sefardíes, de 1972, o Romances truculentos, de 1975. 

Supongo que para los más informados (y sin duda para los amigos españoles) estaré descubriendo la pólvora. Ignoro, como les gusta decir a los musicólogos, la recepción que tendrá Joaquín Díaz en el ámbito académico, en el público o en el ambiente periodístico musical de España. 

No sé nada de él salvo lo poco que quise leer en Wikipedia o en la web de la Fundación Joaquín Díaz, y lo que se escucha en sus interesantísimos discos. Con eso me basta y lo recomiendo.

Diego Lenger



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