# 8 Fran Nava / Fadeiros / Leo Maslíah / Adrián Iaies / Horacio Fumero / Milagros Caliva

Sábado 2 de mayo de 2026 

Novedades, recomendaciones, ideas fugaces de los días que pasaron. Algunos enlaces; alguna sorpresa, espero. Pueden leer las líneas que siguen u optar por ir directo a hacer clic en las líneas azules. Tiempo de lectura: una semana. 

CRÓNICAS PORTEÑAS

Estos días salí bastante. En una semana presencié cuatro conciertos, en (muy) diferentes sitios de Buenos Aires. Dejo acá breves crónicas de mi semana más movida del año, hasta ahora.

Fran Nava Quinteto en Thelonious Club

El viernes 24 de abril asistí a un potente show de jazz del grupo de Fran Nava que, convocado por Thelonious para hacer un tributo a Mingus, logró en cierta medida mostrar parte del material de su nuevo álbum. En Tres visionesde un secreto la formación es de cuarteto y, si en la crítica que publiqué la semana pasada dije que el grupo era un Dream Team, ahora debería decir que son los All Star, porque lo amplió a quinteto con la inclusión como invitado del ilustre trompetista Juan Cruz de Urquiza. Más allá de las analogías basquetbolísticas, me sorprendió la energía de Ornella Contreras. A los 23 años tiene un dominio del piano y un nivel de entendimiento con sus experimentados compañeros que maravilla. Lucas Goicoechea me pareció aún mejor que en los discos, y Fran Nava como líder mostró un aplomo admirable. Y ¡qué sonido obtiene del contrabajo! Dejo para el final a Oscar Giunta, con un solo en el que soltó los palillos para tocar con las palmas de sus manos, haciendo delirar a la concurrencia. Excelente el sonido, óptima la atención y, un detalle: había mucho público joven. El club de Palermo estaba repleto el viernes a las 22.30 hs, y eso me alegró tanto como las dos empanadas que pedí y que fueron mi cena: diez puntos.

Fadeiros en la residencia de la Embajada de Portugal

El martes 28 asistí a una presentación privada, por invitación, en la residencia de la Embajada de Portugal en la Argentina. Se trató de una recepción por la salida del CD Del otro lado del mar, de Fadeiros, nada menos que el quinto álbum en diecisiete años de trayectoria del grupo. Siempre me pone contento ver la emoción que genera, tanto en los músicos como en el público que aprecia el buen sonido, ver un nuevo disco. Poder tocarlo, darle la vuelta, rasgar el celofán. No es ni puede ser lo mismo que “tenerlo subido”, tenerlo en la mano. Al cuarteto habitual integrado por Ana Kusmuk (voz), Pepa Vivanco (flauta, coros, melódica y arreglos), Patricia Álvarez (guitarra y coros) y Nicanor Suárez (contrabajo) se sumaron en esta ocasión dos invitados también habituales: Juan Pablo Isaía en guitarra portuguesa y Gabriel Spiller en batería. Iba a poner percusión, pero tenía armada su batería ahí, en el salón de la palaciega residencia diplomática. No solo eso: ¡hizo un solo de batería! A Gabriel lo conozco desde 1983, cuando fue el primer baterista con el que toqué, así que fue grato encontrarnos en tan rara situación. Los invitados, en gran parte miembros de la colonia portuguesa de Buenos Aires, cantaron y se emocionaron con los fados y algunos ritmos no portugueses, ya que Ana cantó Tanto mar, de Chico Buarque, por ejemplo. Y si me habían gustado las empanadas de Thelonious, qué decir del catering del Señor Embajador (no, no había Ferrero-Rocher). Una delicia, todo regado con generosas copas de vino blanco o tinto. Al salir a la calle, cuando todo concluyó, se obsequió a cada invitado un clavel rojo, en conmemoración de los 52 años de la Revolución de los Claveles. Regresé a casa en el 37 (tuve la precaución de no llevar el auto, imaginando las copas de vino) con el altísimo clavel en mi mano. Me sentí algo observado, pero Buenos Aires es una ciudad grande y cosmopolita: nadie me preguntó nada.

Leo Maslíah en el Salón Dorado

Dos días más tarde tuve otra ocasión señorial: el jueves 30 a las 19 fue el turno del recital de piano de Leo Maslíah en el Salón Dorado del Teatro Colón, dentro del ciclo Pianissimo que allí se desarrolla. El programa constó en su mayor parte de obras del propio Leo, de distintas épocas de su profuso catálogo, más Mi canción, de Hugo Fattoruso, un standard de Richard Rodgers, It Might As Well Be Spring, y, como colofón, su lisztiana versión de P’al que se va, de Alfredo Zitarrosa. Todo sin canto, salvo una pieza instrumental con un tarareo, pero sin letra. A continuación, algunos detalles para tener en cuenta sobre esta actuación de Maslíah. En primer lugar, la convocatoria: la sala estaba repleta, pese a que la entrada, lejos de ser gratuita, tenía el costo de una localidad más bien cara de un club de jazz. El público, muy surtido: gente joven, habitués del Colón, turistas extranjeros, fans de Leo. Todos escuchando en religioso silencio, aplaudiendo con educación al finalizar cada pieza. Para perfeccionar esta educación, el pianista solicitó que los aplausos fueran emitidos cuando se hubiera apagado el último sonido proveniente del piano Yamaha de gran cola. A partir de ese llamado de atención, el entusiasmo se desató siempre luego de unos segundos de resonancia. En segundo lugar, el salón en sí mismo, protagonista de cualquier concierto que se brinde allí. Está en óptimo estado de conservación, y la vista se pierde en las volutas doradas, en las arañas, en los vitrales. El ámbito colabora con la sensación de estar asistiendo a una función religiosa. En tercer y último lugar, la versatilidad de Leo Maslíah como compositor y como intérprete: es dueño de una enorme variedad de recursos y navega con igual facilidad en las aguas de la música escrita como en las de origen popular. La noche, temprana, tuvo algo de velada histórica, y por suerte hubo registro audiovisual para atesorarla. Al terminar su presentación, pautada en sesenta minutos exactos, sin otorgar un bis y sin haber hecho alusión en ningún momento a su canción El concierto, Leo saludó a ambos costados (la sala tiene forma de L, con el piano ubicado en un estrado en el ángulo recto que forman ambas patas) y se fue caminando tranquilamente con sus elegantes y cómodas crocs.

Adrián Iaies, Horacio Fumero & Milagros Caliva en BeBop Club

Viernes, 1° de mayo: Día del Trabajador, feriado en la víspera del fin de semana. BeBop repleto para escuchar a este nuevo trío, que hace su debut absoluto. Milagros Caliva, 30 años, en bandoneón. Horacio Fumero, sin edad, en contrabajo. Adrián Iaies, joven pianista de 65 abriles. Sobre el escenario hay, claramente, dos generaciones diferentes, pero eso solo se nota en los documentos. Iaies y Caliva se conocieron de manera fortuita el año pasado en Viena, donde compartieron un par de temas en un concierto del pianista, y enseguida se dieron cuenta de que la cosa funcionaba. Con el contrabajista la historia tiene 25 años ya de conciertos y discos compartidos. El trío es nuevo, pero suena como si hubieran tocado siempre juntos, los tres. La magia comienza con El Marne y La pulpera de Santa Lucía. Luego de eso, las primeras palabras, presentando el proyecto con la calidez con la que lo sabe hacer Iaies. Más tarde, no recuerdo si en ese orden, Toda mi vida, Silbando, Fumero solo tocando una fabulosa versión de Las golondrinas (no las de Gardel sino las de Falú y Dávalos), Mariposita, Valsecito para una rubia tremenda… El entusiasmo de la audiencia es desbordante; la expectativa ya se notaba antes del comienzo. En por lo menos tres momentos distintos me descubro lagrimeando. Es un club de jazz, hay por lo menos dos jazzmen de recorrido internacional en el escenario, pero esto que está tocando el trío es tango, o se le parece muchísimo. No sé qué es, no me interesa dilucidarlo. Jazz muy argentino; tango muy universal; o música, nomás. Lo que sí comprendo es que si se conoce el material del que se parte, es más accesible el disfrute. En ese sentido, este público porteño parece entenderlo todo. Lo que escuché es tan bueno que deseo que el registro que se hizo se transforme ya en un disco, aunque también estoy seguro de que esto recién empieza y todavía hay recorrido por delante para que suene aún mejor.

Diego Lenger

Leo Maslíah en el Salón Dorado. Foto de Eduardo López


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